“Soñar ni cuesta y ni hace feliz”

Aquí como en todas partes, de repente uno se topa con tantas parejas que no son felices. Muchos inclusive, cuando ven a una pareja que se casa y por la Iglesia, llegan a decir: ¡Qué pena, este hombre no sabe qué es la vida, ya se fastidió para siempre! Inclusive, llegan a escribirse libros, como el que cayó en mis manos, hace tiempo, titulado: “¿Cómo ser felices a pesar de estar casados?” Por eso, tú te preguntarás al igual que yo: “¿es todavía posible ser felices en el matrimonio?”

No te extrañes porque te digo que “el amor mismo hace felices a los que se aman entre sí”. No se trata, pues, de ser felices a pesar de estar casados, sino de ser precisamente felices por estar casados. Y claro que esto es posible, porque sólo hay felicidad donde hay amor. El amor hace la diferencia. En un libro, titulado curiosamente: “¿Cómo pescar marido en 25 días y cómo conservarlo 25 años?, la autora dice con gran acierto que “una pareja puede ser inmensamente feliz en una choza extremadamente pobre, con tal que ambos se amen, o terriblemente desgraciados en un palacio donde falta el fuego del amor”. Ahí está el secreto de la felicidad: el amor. Pero, ¿qué es amar? Muchos escriben del amor, otros cantan al amor. Hay quien sueña en el amor. Hay quienes adulteran el amor. ¿Cuál es el amor que hace feliz en el matrimonio? Me viene a la mente la anécdota francesa que cuenta cómo un campesino salió muy de madrugada a sus campos…

Cargaba sobre el hombro un saco de semillas y sus herramientas de trabajo. Al llegar a su labranza, se detuvo pensativo y quedó inmóvil. De repente se dirigió al campo y preguntó: “¡Oh tierra!, ¿qué me vas a dar este año?” Después de un rato, una voz salió de la tierra diciendo: “¿Qué me vas a dar a mí para que yo te conteste la pregunta?”

Así es el matrimonio. Hay que sembrar mucho amor para cosechar mucha felicidad. Ten en cuenta que el amor es algo muy real. Amar en el matrimonio es entregarse a alguien muy real, de carne y hueso, con nombre y apellido, cualidades y defectos. Amar es, por tanto, aceptar, querer y entregarse a alguien muy concreto. Si quieren ser felices, ámense entre sí, entréguense mutuamente y no vivan sólo de sueños. Es verdad que soñar no cuesta, pero tampoco hace feliz.

Así es, agarra la Oooooooonda. Tu amigo de siempre, P. Salvador Gómez, L.C.

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