“Papá, ¿cuánto ganas?”

“Papá, ¿cuánto ganas?”

“Papá, ¿cuánto ganas? ¿Cuánto ganas por hora?”. Era la pregunta que un niño dirigía, con voz tímida, a su papá  a la llegada del trabajo. El papá contestó severamente: “Mira, hijo, esos informes ni tu madre los conoce.  No me molestes que estoy cansado”. “Pero, Papá, -insistió aún más el niño-, dime por favor: ¿cuánto ganas por hora? El papá se limitó a decir: “200 pesos la hora”.

“Papá, ¿me podrías prestar cien pesos?” – preguntó aún más el pequeño.  El padre, un poco enfadado, dijo: “Así que ésa era la razón de saber lo que gano.  Vete a dormir y, no me molestes, muchacho aprovechado”.

Había caído la noche y el papá, meditando sobre lo sucedido,  se sintió culpable.  Para descargar su conciencia dolida, se asomó al cuarto de su hijo y en voz baja le pregunta: “¿Duermes, hijo?”. – “Dime papá” – respondió el niño entre sueños. “Aquí tienes el dinero que me pediste” – respondió el padre. “Gracias, papá” -contestó el pequeño.  Y metiendo su mano bajo la almohada, sacó unos billetes y exclamó: “¡Ahora, papá, ya completé!  Tengo 200 pesos. ¿Podrías venderme una hora de tu tiempo?”

Un cuento podrías decirme, sólo un cuento. Pero, más que un cuento, es la  pura realidad de tantos hogares, donde el amor entre todos se ha vuelto un mercado. Y digo mercado, porque la ley de todo mercado es la del “yo te doy para que tú me des”. Y, definitivamente, si alguien quisiera comprar el amor se volvería un desgraciado. El amor no se compra, porque el amor es todo menos eso: Es donación, es hacer que los demás se sientan alguien, que los demás se sientan tomados en cuenta,  se sientan comprendidos, escuchados, atendidos… De esto estamos muy necesitados tú y yo. El mundo entero necesita sobre todo amor. Y tú y yo lo podemos dar hoy. No esperes a que tus hijos te digan cuánto vale tu tiempo, para que tú puedas darte cuenta que el amor que les das no se lo debes vender. Para eso naciste: para amar y amar sin medida. Hoy es tu día. Así es, agarra la Oooooooonda. Tu amigo de siempre, P. Salvador Gómez, L.C.

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