“OBEDIENCIA Y PAZ”

“OBEDIENCIA Y PAZ”

Obediencia y Paz. Cuando en mis años de estudio en Roma, hice una visita a la Basílica de San Pedro, que está en el Vaticano. Sí, yo creo que tú sabes dónde está el Vaticano. Donde el Papa vive, para decirte más concreto.  Ahí, me encontré con el escudo del que nosotros hemos llamado “El Papa de la sonrisa o también el Papa bueno”. En su escudo este papa tenía como lema: “Obediencia y Paz”. Todo lo contrario de lo que solemos decir los hombres.

Pensamos que quisiéramos ser grandes para poder mandar. Y así soñamos. Pero, parece que el mundo ahora se nos pone al revés. Porque, como me decía un día un papá: “Cuando yo era niño quería ser papá, para poder mandar. Cuando ya llegó el momento que fui papá, me dio una gran alegría. Sentí que mi sueño podría ser  ya una realidad. Me llevé una tremenda desilusión, cuando mi hijo, ya un poco crecido, me exigió la escuela donde yo lo debería meter, reclamando sus derechos. Y apenas mi hijo era un adolescente.

El mundo realmente ha dado muchas vueltas. Pero hay algo que permanece en el fondo y que tú y yo debemos respetar.  El papa Juan XXIII, que llamamos como te dije hace un rato: “El Papa Bueno” se puso como lema en su escudo: “Obediencia y paz”, para él mismo darse  cuenta de lo esencial que era tener paz, cuando se obedece. Si tú y yo, en nuestro propio hogar, nos diéramos cuenta de que guiarnos a nosotros mismos y guiar a los demás exige que nosotros mismos sepamos obedecer las reglas de nuestra conciencia, tendríamos la paz anhelada. Los hijos aprenden también a obedecer, cuando les sabes mandar con motivación y afecto. Ésa es una de tus obligaciones. La obediencia no se exige, no se impone, se motiva. Tú no eres padre para ser obedecido. Tú eres papá para motivar y querer a todos tus hijos. Quiérete a ti mismo, aprende a motivarte en todo lo que haces y así sabrás motivar a tus hijos, que es la mejor forma de mandar. En el fondo, descubrirás que la obediencia es la mejor forma de tener paz contigo y paz con los demás. Así es, agarra la Oooooooonda. Tu amigo de siempre, P. Salvador Gómez, L.C.

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