“ El regañado ”

En la vida me encuentro con muchos regañado o regados, a quienes -así lo dicen ellos- la vida no les

sonríe. Incluso, algunos llegan a tomar como apodo el regaño, como aquel niño que se enteró a los siete

años de que no se llamaba “cállate”, puesto que siempre le decían: “Oye tú, cállate”. El regaño te puede

venir como resultado de algún error. La filosofía popular nos recuerda que es bueno no hacer leña del

árbol caído.

 

Me contaron que un locutor de radio –no digo su nombre por respeto, (creo que se llama Nico)-

recibió un regaño (le regañó Marina,…) sólo porque no le iba a “Las Águilas” del América (equipo de

fútbol de México), o porque hablaba poco de ellas en su programa, o porque hablaba demasiado de las

“Chivas” (otro equipo de fútbol de México), o por no sé qué más… Yo digo que, así como todos tenemos

derecho a gustos en cuestión de fútbol, también nacimos con el derecho a poder equivocarnos. Nadie es

perfecto. Pero, lo que más me llamó la atención de este “jinete del aire”, -así llamaría a todo locutor de

radio-, fue su humor para aceptar el jalón de orejas. Y creo que los malos ratos, si es que los hay, se viven

mejor con buena cara y con un sano humor, para ponerle siempre salsa a la vida.

 

Cuando mi padre me regañaba -y lo hizo más de alguna vez- siempre acompañaba sus palabras

con una motivación. Nunca recuerdo que sus regaños tuvieran el sello de una venganza. Por eso siempre

he descubierto que de un regaño se pueden sacar muchas lecciones o por lo menos una: “Hoy tienes la

oportunidad de mejorar en algo”. Si al recibir un regaño agachas la cabeza, y te das cuenta de que puedes

ser mejor, quiere decir que ya empiezas a tomar la vida con un poco más de humor. No te importe, pues,

si te regañan; más bien, descubre que hoy puedes ser mejor que ayer. Así es, agarra la Oooooooonda. Tu

amigo de siempre, Padre Salvador Gómez, L.C.

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