“DON PEDRO O SIMPLEMENTE PEDRO”

“Con las copas llenas quito mis penas”. Es Toño Aguilar el que nos canta así (en su canción “La Mancornadora”). Los hombres llegamos muchas veces a pensar que un trago de tequila quita las penas. Bueno, uno no, sino unos cuantos. En realidad y tristemente el tequila no ahoga las penas ni tampoco las hace olvidar. Más bien, y por un rato, echa como un velo encima, para después volver a resucitar el amor fallido, el fracaso conseguido, el trabajo perdido, el amigo fugado, el rato de cárcel sufrido o compartido. Lo único que claramente reluce es la soledad en que se ve hundido el corazón, cuando percibe no haber sido correspondido. Está claro que penas y penas no traen felicidad. Tragos y tragos tampoco la hacen renacer, cuando parece que la hemos perdido. Entre tequila y tequila, cerveza una detrás de la otra, pueden nacer amigos, pero tampoco te dejan el corazón feliz. Son amigos que te llaman “Don Pedro”, sólo porque les disparas las copas. Cuando la cartera está vacía, te gritan simplemente Pedro.

En medio de tus desilusiones, tu corazón debe descubrir que tu soledad no se llena ni con trago, ni con amigos baratos, ni con vicios, cualesquiera que ellos sean. Si estás casado y andas de aventurilla en aventurilla, sólo por tener miedo a decir no a tus amigos, me da tristeza tu vida de errante y andariego. No te preocupes de lo que los demás lleguen a pensar de ti. La vida es tuya, la vives tú, la gozas tú, y las consecuencias de tu buena o mala vida no dependen de lo que lleguen a pensar o decir de ti. Tú vives y cosechas lo que siembras. Será mejor que siembres amor y responsabilidad en todos los pasos que das, para que tu propia esposa se sienta feliz del tesoro que tiene y llegues a decir también que tus hijos son lo mejor de tu vida, porque tú eres el primero que llevas a tu hogar la alegría de una vida vivida con responsabilidad. No te preocupes si tus amigos te llaman “Don Pedro” o simplemente “Pedro”. Preocúpate más bien de que al llegar a casa, tus hijos lleguen a decirte: “Papi, ¿a qué hora vamos a jugar juntos?… ¿Será como ayer? Y tú respondas contento como siempre: “Ahora, hijos, en unos minutos, después de bañarme”. ¡Tu nombre será simplemente Pedro, pero serás feliz! Así es, agarra la Oooooooonda. Tu amigo de siempre, P. Salvador Gómez, L.C.

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