“Camina, Camina, ya llegarás”

Los grandes atletas, como nuestro ciclista Lance Armstrong no nacen. Las huellas de la vida, el hogar, junto con las luchas de cada día, han hecho que Armstrong deje atrás, pedal tras pedal, una enfermedad que cargaba sobre los propios hombros y le conviertan en el ciclista del momento. La historia se repite: los atletas se hacen. “Camina, camina, ya llegarás”, es la respuesta que recibí cuando pregunté por dónde se llegaba a la cumbre de una montaña.

“Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. ¡Cómo me gusta sentirme acompañado en medio de mis luchas, cómo me gusta ver a mi mamá preocuparse por mí a todas horas, siguiendo los pasos de mi vida, para decirme con su oración y consejo que le gusta verme triunfar! Pero, también, mientras siento la compañía de mi mamá, pienso en otros jóvenes y hombres que ansían abrirse camino por la vida y no tienen mamá para que les acompañé: o porque ya murió, o porque nacieron en un hogar roto ya desde los primeros pasitos, o porque simplemente la mamá tiene otras preocupaciones a las que dedica lo mejor de su tiempo.

Siempre he pensado que detrás de un buen hombre hay siempre una buena mujer. El heroísmo de los atletas esconde los ratos heroicos de una gran mamá. No he caminado muchos años, pero los pocos que tengo, al mirarlos para atrás como en una película breve, me permiten descubrir las huellas delicadas de mi madre, como diciéndome: “camina, camina, ya llegarás”. Hoy creo, más que nunca, que el anhelo de alcanzar nuestros ideales, y entre ellos el de ser feliz, está en buscar lo que nos toca hacer en cada momento. Pero también caigo en la cuenta que jamás esto se convierte en realidad, si no tenemos a la propia mamá que nos repita, desde el primer instante y un día tras otro: “camina, camina, ya llegarás”.

Así es, agarra la Oooooooonda. Tu amigo de siempre, P. Salvador Gómez, L.C.

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